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Hablemos de acné, lo que ves en tu piel no es más que una reacción a un exceso de producción de grasa que, al estar en contacto con el medio ambiente por la mala higiene cutánea, el folículo piloso se obstruye, las células muertas se agrupan, junto con el sudor y las bacterias, lo que da lugar a lo que comúnmente llamamos “espinillas”, comedones, puntos negros y filamentos sebáceos, pudiendo estos inflamarse y convertirse en lesiones cutáneas, que con un descuido prominente pueden dejar secuelas de cicatrices y manchas post-inflamatorias.
Origen del acné
Esta afección tiene origen desde la antigüedad, y dado que se han hecho estudios que revelan que se debe a un estímulo multifactorial por estar vinculado a aspectos genéticos, hormonales y ambientales, debes saber que en algunas personas la sobreproducción del sebo y el sistema inmunológico obstruyen el poro y, por lo tanto, la bacteria del acné tiene participación excesiva. Esta bacteria se llama Cutibacterium acnes, vive en tu piel y eres el responsable de activarla y hacerla proliferar.
¿Cuáles son las causas del acné?
Ya hemos dicho que es meramente hormonal; sin embargo, una limpieza incorrecta prolifera y desencadena los siguientes factores:
- Producción excesiva de sebo: En las pieles grasas, las glándulas sebáceas producen normalmente más grasa de lo normal, por lo que es importante mantener la grasa controlada.
- Acumulación de células muertas: La piel está compuesta por células, y cada 28 días se renueva, provocando que si no tienes un limpiador correcto, se acumule y forme comedones.
- Bacterias (Cutibacterium acnes): Estas bacterias proliferan en los folículos obstruidos, causando inflamación y enrojecimiento.
- Factores hormonales: En la adolescencia es más común debido a los cambios fisiológicos del cuerpo y en la adultez debido a los hábitos alimenticios, embarazos y ovarios poliquísticos.
- Estrés: Aunque no es una causa directa, se relaciona ya que la hormona del cortisol eleva los niveles de estrógenos y testosterona, lo que manda señales a las glándulas suprarrenales y estas a la sebáceas.
- Alimentación: Algunos estudios indican que los alimentos con alto índice glucémico y los lácteos pueden influir en la aparición del acné en algunas personas, por lo que es recomendable sustituir esos alimentos por otros más saludables y ricos en antioxidantes y minerales.
- Uso de productos inadecuados: Cosméticos comedogénicos o productos que no son adecuados para el tipo de piel pueden empeorar la condición, ya que cada piel tiene una necesidad y no entenderla se traduce a condicionarla.
Tipos de acné
Como hemos dicho, el acné es meramente hormonal, y en la cosmética se ha clasificado en 4 tipos por niveles de complejidad; estos determinan el tiempo en que se verá mejoría. Cabe destacar que se abordan de manera distinta debido a las inflamaciones y alteraciones que presentan.
- Acné comedogénico: Se caracteriza por puntos negros y puntos blancos (comedones abiertos y cerrados); no hay inflamación, pero puede evolucionar a formas más severas si no se trata.
- Acné inflamatorio: Incluye pápulas y pústulas (granos rojos e inflamados con pus); es más doloroso y puede dejar cicatrices si se manipula.
- Acné quístico o nodular: Se presenta con quistes o nódulos profundos y dolorosos; puede dejar cicatrices permanentes y requiere tratamiento especializado.
- Acné fúngico (foliculitis por Malassezia): Se debe a un crecimiento excesivo de levaduras en los folículos; Aparece en forma de pequeñas espinillas en la espalda, pecho y hombros, nalgas y barbilla, y no mejora con tratamientos convencionales para el acné bacteriano.
Tratamientos para el acné:
Según la complejidad, el tratamiento depende de la severidad del acné y de sus causas. Algunas recomendaciones para tratarlos incluyen:
- Limpieza facial adecuada: Lavar el rostro con un limpiador suave y libre de sulfatos; no exfoliar en exceso, ya que puede irritar la piel y empeorar el acné, utilizar exfoliantes químicos que son idóneos para el acné.
- Tratamientos tópicos:
- Ácido salicílico: Exfolia los poros y ayuda a reducir la obstrucción desde la profundidad.
- Árbol de Té: Por sus propiedades antiinflamatorias, antibacterianas y seborreguladoras, ayuda a mantener los poros sin obstrucción.
- Retinoides tópicos: Favorecen la renovación celular y previenen la formación de comedones; su uso debe ser proporcionado por un profesional para un correcto uso en cuanto a la concentración y frecuencia del mismo.
- Niacinamida: Calma la inflamación y regula la producción de sebo, además de que ayuda a las secuelas de acné y no compromete la hidratación de la piel.
3. Medicación oral:
- Antibióticos (doxiciclina, minociclina): Para casos moderados o severos con inflamación.
- Anticonceptivos hormonales: Ayudan a regular el acné hormonal en mujeres.
- Isotretinoína: Para casos graves de acné quística, pero requiere supervisión médica.
4. Tratamientos profesionales:
- Limpiezas faciales profesionales: Eliminan impurezas sin dañar la piel, liberando el poro para una mejor absorción de nutrientes.
- Peelings químicos: Ayudan a reducir marcas y mejorar la textura de la piel, provocando la renovación celular y el control en la producción de grasa.
- Terapia con luz LED: Reduce la inflamación y combate las bacterias del acné.
- Microdermoabrasión: Exfolia la piel y mejora cicatrices leves, ideal para las secuelas del acné.
Cómo prevenir el acné
- Usar productos no comedogénicos.
- Mantener una alimentación equilibrada.
- No tocar ni exprimir los granitos.
- Limpiar el rostro 2 veces al día.
- Cambiar regularmente la funda de la almohada.
- Usar protector solar adecuado para piel grasa.
- Dormir de 7 a 8 horas.
- Reducir el estrés con técnicas de relajación.